O me adelanto a las tendencias o me subo ya que pasó el furor. Tengo que mejorar mis cálculos en ese aspecto. Hoy vengo a hablar de mi MUY PARTICULAR experiencia respecto a esta personalidad tan importante, a pocos días de que ha recuperado sus alas: Akira Toriyama. Por supuesto que lo que más le voy a aplaudir es su saga de Dragon Ball. Yo fui fan de hueso colorado de la saga Dragon Ball Z, a grados bastante… intensos, para ser honesta.
Llegó a mi vida en un momento donde nada tenía sentido, (muy normal considerando que tenia 11-12 años) cuando todos mis compañeros de la escuela estaban en su máximo esplendor de problemáticas de adolescencia del tipo: se empiezan a enamorar, se preocupan por su aspecto, su cabello, su ropa, y mientras ellos estaban en eso, yo me proyectaba en viajes, meditaciones, estaba totalmente convencida de que el dios que ‘se conoce’ en este Mundo, no es el Dios Máximo y estaba aferrada en comunicarme con la Fuente Directa y parar de usar intermediarios. Mientras todos se preocupaban por aprenderse las coreografías de Fey y OV7, yo me ocupaba en aprender a hacer meditaciones como bien pudiera (porque no había internet ni fuentes de información), y tratando de controlar esas visualizaciones que «me llegaban», y que me mostraban cosas del universo y del Universo de los Universos. Eso, y fracasando rotundamente al querer compartir todo eso que veía y recibía, pues solo conseguí ser mirada como ‘una rara’, en el mejor de los casos.
Y en medio de todo aquello, Dragon Ball apareció como esa fresca agua en medio del desierto. Me mostraba cosas que yo ‘aprendía’ con antelación. Me mostró que había más cosas que lo que vemos en este mundo. De alguna forma, me ayudó y me acompañó. Sí, en algún momento me convencí que en alguna realidad/dimensión, ese mundo que veíamos en la TV era ‘real’. Hoy en día quisiera pensar que hace casi 30 años estuve en lo correcto, pero no tengo las pruebas para sustentarlo; sin embargo, no lo veo del todo imposible.
Lo que sí puedo rescatar es que esa saga me ayudó a abrir mi mente, a cuestionarme, a practicar, a hacer uso de mi tercer ojo que a mis 11-12 años estaba a tope y dándolo todo, a recibir cantidad de información que ahora es una realidad y es ‘socialmente aceptable’.
Después de esa época, pasaron cosas, decidí ignorar todo, cerrar mi tercer ojo y tener una vida normal, pero bien se me dijo una vez: «Cuando tienes una misión, has de cumplirla pase lo que pase. No importa cuanto la ignores y reniegues de ella, has de cumplir esa misión sí o sí».
Y aquí estoy, de vuelta al camino, ya con mi añitos encima, con un montón de vivencias a cuestas y, creo que después de todo, lista para volver a subir en mi nube voladora.








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