Pues sí, aunque no se lo crean. Solamente mis personas más allegadas saben que desde mis 11 años el don de la escritura apareció en mi vida como un tropel. De la nada, literalmente de la nada, un buen día tomé pluma y papel y empecé a escribir como si no hubiera un mañana. Recuerdo bien ese día:
Estaba en la clase de Español y nos pidieron escribir un cuento. Tenía que ser algo corto y en teoría yo estaba escribiendo algo corto pero de un segundo al otro, empecé a ver imágenes en mi cabeza y mi pluma se movía lo mas rápido que podía para describir lo que estaba viendo en mi mente: Recuerdo que me salieron 11 paginas de una gran aventura y yo estaba muy entusiasmada por mi creación literaria.
La profesora nos pidió compartir nuestros escritos y claro que algunos compañeros no escribieron absolutamente nada pero cuando llego mi turno: yo mostré orgullosa mi creación y todos se sorprendieron. Obviamente no me permitieron leer todo; porque recuerdo que tuve que elegir solo una sección y yo como pude elegí la sección ‘según yo’: la mas emocionante.
Yo quería que todos leyeran mi cuento pero no se dio la oportunidad, pero a partir de ese entonces mi creación literaria fue muy vasta: me gustaba escribir sobre las cosas que en esta realidad eran imposibles pero que en mi mente sí era posible. Mi segundo escrito se llama (aún lo tengo): ‘Y sin embargo; no fue un sueño‘; que desarrolla una historia romántica en un ambiente interdimensional: porque claro, de todos los temas existentes, una niña de 11 años eligió hablar de interdimensiones. Sí, ésa era yo. En esa época me hice muy amiga de Alejandra Nataly y con ella desarrollé y compartí todas mis historias: yo le daba a leer mis cuentos y ella me daba a leer los suyos. Eran muy buenos momentos que atesoro muchísimo.
Y para finalizar, en tercero de secundaria tuvimos un ejercicio de escritura en equipo, para entonces ya era la señalada por loca y chiflada del salón así que la historia la hicimos entre mi entonces amigo Zahid (que estaba igual de chiflado que yo) y Luis Armando, que siempre nos hacía segunda/tercera. Esa historia se llamó: ‘La isla misteriosa’ y era un cocktail entre nuestros alter-egos y personajes de anime y videojuegos. Una locura, pero la historia se puso buena y pasamos gran parte del año escolar escribiéndola: literal hojas y hojas diarias. Yo escribía un tanto y cuando se me iba la inspiración, le daba el cuaderno a Zahid para que siguiera la historia, y así nos ibamos. Llenamos cuadernos ENTEROS de aventuras y recuerdo que lo pasábamos muy bien. Era tanta la diversion que todos lo notaron y recuerdo que hasta algunos nos pedían los cuadernos para leer los avances, incluidos entre ellos el mítico Daniel que era EL más popular de toda la escuela en ese entonces. Recuerdo que la primera vez que me pidió el cuaderno, yo pensé que era broma, pero al poco tiempo se hizo fan y estaba atento a las actualizaciones.
Pasaron los años y tuve después la oportunidad de ser parte del CM Team, para entonces yo tenía 19 años y fue una época interesante. Me tocó escribir artículos para esta revista especializada en anime, manga y videojuegos y aunque fui muy inexperta, fue una experiencia que me dejo muchos aprendizajes y que disfruté mucho por la conexión tan bonita que se hizo con los lectores.
Después de eso no hice gran cosa, hasta que apareció Wattpad, donde me di vuelo leyendo historias cuando aún no era una plataforma popular y algunos años después me animé a subir algunas historias. Una en especial la escribí para un reto Navideño y la verdad me fue muy bien con esa historia ‘Nicola di Bari Codice‘, la cual la escribí en tiempo récord e incluso me esmeré creando la portada desde cero. No me dediqué mucho a Wattpad y sí que lo lamento, porque escribir me gusta mucho y por azares del destino lo dejé de lado.
Pero hoy vuelvo. Y vuelvo por la puerta grande. Me vengo enterando que una de mis historias es #1 en la categoría ‘correo’. Ya sé que se oye muy equis, pero hey: ¡soy #1 en algo!
Aquí está la historia (incompleta obvio) por si quieren darle una vuelta:


Esto me motiva a retomar esto que tanto me gusta: escribir. Es parte de lo que soy, me alimenta, me hace florecer. Aquí vamos.








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