Para entrar en contexto sobre lo que pasó en este viaje, es muy importante señalar los siguiente.
- Yo ya tengo una cierta edad. Muchas de las cosas que voy a contar, sucedieron cuando yo tenía menos de 10 años, eso quiere decir: principios de los 90’s. Eso significa: no internet ni redes sociales. El acceso a la información era mucho más difícil en esa época.
- No disponía de libros. Los pocos libros sobre temas esotéricos y/o paranormales eran de mi papá y puedo contarlos con los dedos de mi mano derecha y me sobran muchos dedos. Creo que en relación con Egipto, sólo puedo contar el libro de «Cuando las piedras hablan, los hombres tiemblan«, de Rodolfo Benavides.
- No disponía de redes de apoyo. Me tocó vivir todas estas cosas sola. Hoy día está muy de moda el tema de la espiritualidad y todas sus ramificaciones, hay innumerable cantidad de escuelas y grupos. Hace 30 años era impensable y de hecho yo me metí en muchos problemas por decir lo que pensaba y que hoy día es «normal y aceptado». Todas las experiencias las tuve que asimilar casi siempre sola, salvo unas contadas intervenciones de un tío que contenía mi angustia por medio de la religión (…) y una tía que me escuchaba y me daba respuestas muy a medias (…). Al fin de cuentas: sola.
Es decir, mucho de lo que viví – sino es que todo- lo viví siendo una niña. Fue genuino, no fue producto de una imaginación alimentada por redes sociales, tiktoks, contenido, libros o grupos a los cuales yo haya pertenecido. Lo manejé como pude, mucho de ello lo bloqueé y luché mucho por tener una vida «normal». Pero esa normalidad nunca llegó realmente y hoy entiendo que decidí venir a este mundo, en esta vida, con objetivos muy específicos; y ninguno de ellos es «ser normal».
Con el auge de las redes sociales y la sobre exposición de la información; es muy fácil pensar/asumir que mucho de lo que voy a decir es producto de sugestión. Sé que quizá debí registrar esto mucho antes, pero no lo hice y lo asumo. No espero que nadie lo crea, no espero que todos lo crean. Esto llegará a quien deba llegar y lo creerán quienes deban creerlo. Dicho lo anterior, comienzo a correr el velo.








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