Desde muy pequeña, podría decir que desde que tengo uso de razón (6,7 años) he tenido sueños muy extraños. Bueno, al menos yo soy de la idea de que una niña normal de esa edad y con una vida normal (sin grandes traumas) sueña con hadas, arcoiris, ositos de felpa, dulces y todo lo bonito de la vida. Si estoy mal, por favor corríjanme. El punto es que yo soñaba otras cosas: entre ellas:
- Me soñaba adulta y en medio de persecusiones.
- Soñaba escaleras enormes que llegaban hasta el cielo y que no debía subir pero yo igual las subía y cada vez veía cosas y seres muy extraños.
- Soñaba bolas de fuego que caían del cielo y anunciaban el acabóse de todo (eso lo soñé varias veces)
- Soñaba el cielo rojo y en llamas y seres muy grandes flotando en el cielo y observando el pánico de la gente.
- Soñaba puertas de luz que se abrían en las paredes de edifios en ruinas, de los cuales salían seres de luz (con túnicas muy brillosas) y con listas de nombres de las personas que se iban a ir con ellos, y los no nombrados se quedarían a seguir sobreviviendo en escenarios apocalípticos.
- Me soñaba en lugares que nunca había visto: lugares que parecían muy antiguos y que no tenían relación alguna con nada de lo que a mi corta edad pudiera haber visto en ningún lado. Aquí es donde entra Egipto.
Este es un sueño que guardé muy celosamente toda mi vida. Se lo conté a quizá 3 personas, 4 con Fepo, cuando se lo conté mientras navegábamos en grupo por el río Nilo. Ya no tengo miedo de contarlo ni de lo que las personas puedan pensar, ya es hora.
En este sueño yo era un estudiante. Éramos unos 20 estudiantes al menos y todos vestíamos con la misma ropa. Era una túnica holgada en un color café oscuro. Estábamos en una habitación muy grande, de forma rectangular; y con techos muy altos. Yo sabía que eso era una academia hermética, la cámara donde estábamos era una cámara oculta. Estaba iluminada con antorchas. Había dos puertas del lado izquierdo; por el cual aparecían personas vestidas de diferente manera y yo entendía que esas personas eran sirvientes o esclavos. Ellos llevaban muchos papeles y rollos y los colocaban sobre la larga mesa rectangular y en frente de cada uno de los alumnos, que ya estaban en sus lugares. Yo sabía que llegaba tarde a mi lugar, entrando por otra puerta que estaba un poco más grande y en esquina del lado izquierdo también. Era la puerta por la que entrábamos los alumnos y el Maestro. Mi asiento estaba inmediatamente a la derecha de la silla principal donde se colocaría el Maestro, el cual nunca ví llegar.
Yo tomaba asiento y me ponía a revisar las hojas que ya estaban en mi lugar mientras los sirvientes seguían trayendo más documentos. Todos los alumnos estaban muy concentrados pero yo al intentar ver mis papeles, con terror me daba cuenta de que comenzaban a brillar tanto, como si fueran hojas de oro y reflejaran una luz muy intensa. Me era imposible leerlos. Yo me esforzaba mucho por tratar de ver los textos y apenas podía ver unas líneas y figuras. Por lo muy poco que pude ver, fue en la parte superior derecha un círculo y dentro de él: un triángulo. Veía otras figuras geométricas pero las veía incompletas y se desvanecían en la luz fulminante. Sabía que al menos algunos de esos documentos hablaban de un ritual de invocación; la invocación de nuestro Protector. Estábamos ahí ese día (creo que en el sueño era muyyy temprano, como de madrugada) para aprender a hacer esa invocación. Me esforcé mucho por leer esas hojas que brillaban como el oro pero muy resplandeciente y con mucho trabajo pude captar palabras clave:
- Protector
- Con forma de león
- Keops
Es todo. Desperté con el estrés de no poder leer casi nada de esas hojas y sólo me quedé con esa información: el círculo con el triángulo dentro y el Protector con forma de León y llamado Keops.
Referencias Posteriores
Como mencioné, en casa había un libro especial. «Cuando las piedras hablan, los hombres tiemblan», de Rodolfo Benavides. Ese libro es de mi papá (q.e.p.d.) y yo lo leí tiempo DESPUÉS (9-10 años). Fue por ese libro que me apasioné con el tema de las civilizaciones antiguas y recuerdo perfecto que me pasaba horas viendo las ilustraciones y fotos. Recuerdo una foto en especial de unos juncos sobre el agua del Nilo y me gustaba mucho esa foto porque la primera vez como que sentí que la imagen se movía, como un recuerdo vívido que se activa con un detonante. Amaba mucho ese libro y lo leí varias veces. Se podría pensar que ese libro alimentó mi imaginación y por ellos soñé lo que ya conté, pero este libro yo lo leí después. Le conté este sueño a una tía, años después – cuando yo tenía unos 12 o 13 años – con la esperanza de que ella me ayudara a aclararlo, pero me dijo únicamente: ¿Sabes porque las hojas brillaban tanto que no podías leerlas? No le supe contestar. Me dijo entonces: «no pudiste leer las hojas porque aún no estás lista».
Tarot
Pasaron muchísimos años. Un día, en 2020, mientras trabajaba, de la nada me llegó a la mente la palabra Tarot. Como algo de lo que te olvidas por mucho tiempo y de repente recuerdas. Me surgió un deseo fuerte por saber cuales eran los orígenes del Tarot. Debo reconocerlo, me fui a Wikipedia. Comencé a leer y casi me da algo cuando leí lo que ponía ahí:

Recuerdo perfecto lo que pasó: me empezó a faltar el aire y me empezó a dar vueltas la cabeza. No podía ser coincidencia. No tengo manera de explicarlo. Ese sueño lo tuve por ahí de 1991. Y Wikipedia nació muchas décadas después.
En mi afán de buscar una respuesta lógica, me fui al libro de Rodolfo Benavides. Tenía la esperanza de encontrar algo ahí relacionado a hojas que parecen de oro y que brillan mucho. Me dije a mí misma: «seguro que lo leíste y te lo imaginaste todo«. Revisé todo el libro. Habla de todo, menos de hojas que parece (o son) de oro puro y que brillan muchísimo. Nada relacionado con Protectores con forma de león y llamados Keops. Estaba Keops el faraón, pero no Keops el protector con forma de león.
No tuve manera de explicar ese sueño y la revelación del Tarot. Decidí aceptarlo como una señal y fue así que me decidí a aprender a leer el Tarot. El primer Tarot que tuve en mis manos fue el «Tarot Egipcio», de Saint Germain.










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